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Season of Witch

  • Foto del escritor: Michelle Leal
    Michelle Leal
  • 12 oct 2025
  • 3 min de lectura

¿Qué es una bruja?

¿Una mujer que decide? ¿Una mujer dolida? ¿Una mujer que se venga?.


O simplemente, una mujer que observa la luna y confía más en su intuición que en las órdenes de los hombres. Una que conoce la naturaleza, los ciclos del cuerpo y el poder del silencio. Una que, por todo eso, fue temida.


Los orígenes del mito


El término bruja (que en latín se traduce como maleficae) comenzó a usarse en Europa medieval para nombrar a las mujeres que practicaban medicina natural, curaciones con hierbas, o simplemente vivían fuera de las normas religiosas. Una época en donde cualquier mujer que desobedeciera la Iglesia, era señalada como mala.


En muchas aldeas europeas -Alemania y Suiza-, ellas preparaban tónicos, vendían pan, cuidaban de los partos… y sí, hacían cerveza.


De hecho, gracias a una de mis clases de Humanismo Clásico, en Inglaterra del siglo XV, era común ver a mujeres poner una escoba en la puerta de su casa: ese era el anuncio de que había cerveza disponible. Usaban sombreros puntiagudos para sobresalir entre la multitud en los mercados. Sin saberlo, estaban creando la imagen icónica de la bruja: el caldero, el sombrero y la escoba.


Cazadas por ser diferentes


Con el paso de los siglos, el miedo a lo femenino creció. La caza de brujas fue una de las épocas para la mujer más crueles de la historia: entre los siglos XV y XVIII, más de cien mil mujeres fueron acusadas de brujería en Europa.


La mayoría eran viudas, solteras, ancianas o mujeres que vivían solas; es decir, mujeres sin un hombre que las “protegiera”.


En 1486, el libro Malleus Maleficarum (“El martillo de las brujas”) se convirtió en la guía oficial para identificarlas y condenarlas. Bastaba una denuncia, un sueño o una simple diferencia para ser llevadas al juicio.


El fuego, las hogueras y los juicios públicos se convirtieron en espectáculos de castigo, esto se lo mostraban al resto de la población, para que vieran lo que ocurría cuando una mujer desobedecía.


Con el tiempo, la figura de la bruja se fue creando una mala fama. En los cuentos infantiles, se convirtió en figura de miedo: vieja, fea, solitaria, malvada. Era la advertencia perfecta para las niñas: “no seas demasiado libre, no seas demasiado curiosa, no hables demasiado”.

Pero el tiempo y el arte lo resignificaron todo.


El cine, la música y la moda recuperaron la imagen de la bruja como símbolo de poder y misterio femenino.


Desde las hermanas Sanderson en Hocus Pocus, hasta las mujeres melancólicas de Practical Magic, la bruja dejó de ser un monstruo para convertirse en una mujer que sabe quién es.


Hechizos contemporáneos


Hoy, las brujas viven en playlists, editoriales, escenarios y pasarelas.


Entre Janis Joplin y Stevie Nicks, con sus estilos y voces, definieron toda una estética mística. Lana Del Rey mezcla entre: símbolos lunares y letras de amor, magia y tragedia lo cual, la convierten en una bruja moderna.


También llegó a las pasarelas. En el desfile Spring/Summer 1993 de Martine Sitbon, Kate Moss caminó con un sombrero de bruja: un accesorio de alta moda.


Como dice una frase de la película Practical Magic.

Sin embargo, hay algunas cosas que sé con certeza: siempre hay que tirar la sal derramada por encima del hombro izquierdo. Hay que tener romero junto a la puerta del jardín. Hay que plantar lavanda para tener suerte. Y hay que enamorarse siempre que se pueda.

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