El cocodrilo que domina Roland Garros
- Michelle Leal
- 10 jun 2025
- 3 min de lectura
Actualizado: 5 oct 2025
Nacida de la audacia y elegancia de René Lacoste, la firma francesa ha logrado permanecer vigente en el tiempo, mezclando tradición deportiva con estética. Hoy, en 2025, sigue dejando huella —literalmente— en las canchas de Roland Garros, el torneo que vio crecer su leyenda.

Todo empezó con una apuesta. En 1923, René Lacoste tenía 19 años cuando su capitán en el equipo de tenis francés le prometió una elegante maleta de piel de cocodrilo si ganaba un partido clave en Boston. No ganó, pero su empeño llamó la atención de un periodista estadounidense que, fascinado por su entrega, lo apodó “The Crocodile”.
En 1927, ese apodo cobró forma literal cuando su amigo, el artista y estilista Robert George, dibujó un cocodrilo especialmente para él. Lacoste mandó bordar ese reptil en sus chaquetas blancas.
Así nació el primer logotipo visible en una prenda deportiva, mucho antes de que las marcas con símbolos fueran comunes. Lacoste no solo fue pionero en el tenis por su técnica y logros, también revolucionó el concepto de vestimenta deportiva, anticipando lo que hoy conocemos como sportswear de lujo. El cocodrilo dejó de ser un apodo para convertirse en un ícono global.
Lacoste dejó sus estudios en ingeniería para dedicarse al tenis. Obsesivo y detallista, ganó siete títulos de Grand Slam, dominó la Copa Davis y escribió el libro “Tennis”, una guía para los jugadores. Cada derrota, para él, era una oportunidad de estudio. No se conformó con dominar el juego, modificó su raqueta para mejorar el agarre y diseñó una máquina lanzapelotas. En 1963, desarrolló la raqueta de acero que dominó las canchas por más de una década.
El nacimiento de la polo

En los años 30, el atuendo en la cancha era una camisa rígida, pantalón de pinzas y corbata. Lacoste lo cambió todo: acortó las mangas, aligeró el tejido y creó una prenda cómoda, elegante y funcional. El petit piqué, inventado por él mismo, permitió que el aire circulara, otorgando ligereza y transpirabilidad. Nació así el polo, convertido en ícono del sport chic francés.
Lacoste vestía a amigos, familiares y rivales. El polo se convirtió en sinónimo de elegancia deportiva. En Troyes, a 160 km de París, más de 500 expertos fabrican con precisión. Cada pieza requería 25 controles de calidad y 1,200 puntadas para bordar el cocodrilo en el pecho.

En Roland-Garros, donde Lacoste brilló en 1927, la marca actualmente sigue dejando huella. Desde uniformar al staff y recogepelotas. En 2019, bajo la dirección creativa de Louise Trotter, y más recientemente con Pelagia Kolotouros —diseñadora griego-estadounidense enfocada en la sostenibilidad—, Lacoste se renueva sin traicionar su legado.
Novak Djokovic, campeón indiscutible, encarna el espíritu Lacoste como nadie. Elegido como embajador de la marca en 2017, no solo ha vestido el cocodrilo en cada Grand Slam, sino que lo ha llevado con la misma elegancia, precisión y determinación que definieron a René Lacoste. Ambos son perfeccionistas, estratégicos y obsesivos.
Desde entonces, Lacoste ha diseñado líneas exclusivas para Novak, combinando tecnología de alto rendimiento con un estilo simple y actual.
La historia, que comenzó con René Lacoste y el famoso cocodrilo, sigue muy presente hoy, especialmente en eventos como Roland Garros 2025, donde figuras como Novak Djokovic refuerzan su legado. Con el paso del tiempo, Lacoste ha sabido mantener su identidad clásica mientras se adapta a nuevas generaciones, demostrando que tradición y modernidad pueden ir de la mano.





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